Creer en México

Guillermo Deloya Cobián

Miércoles, 28 de diciembre de 2016

“Hoy México está fuerte y unido. Mantengamos el compromiso con las futuras generaciones y con los que hoy ya no están con nosotros. Creamos en nuestro país y hablemos bien de él”, convocó el presidente Enrique Peña Nieto en su mensaje con motivo de la Noche Buena.

El mandatario transmitió optimismo a la ciudadanía, a la que agradeció su entrega diaria y su pasión por México, así como su “solidaridad cuando nuestros compatriotas lo necesitan y por reconocer en nuestra tierra su grandeza y sus oportunidades”.

Sin duda, la posición del presidente genera certidumbre en un momento clave no  de todos conocido, con la llegada a la Presidencia de Estados Unidos de Donald Trump, se esperan cambios fundamentales en la forma de ver y hacer política.

Para los expertos está claro que los mensajes de concordia entre el presidente electo de Estados Unidos y el mandatario ruso Vladimir Putin, por ejemplo, no son sólo una estrategia entre dos poderosos acercándose amablemente, sino una intención profunda que conlleva otros mensajes que habrá que analizar con profundidad.

Donald Trump hizo de su frase: “Hagamos grande a Estados Unidos otra vez” el eje de su campaña política, la cual seguramente influyó en los resultados obtenidos. No obstante, habrá que agregar dentro del análisis de sus líneas discursivas su pugna  y desprecio por los países del lejano y medio Oriente; de tal manera que de ambos aspectos podríamos predecir aspectos serios del nuevo mandatario estadounidense, como sería el armar desde un principio dos esferas de poder capaces de mantener conflictos abiertos que puedan llegar a ser muy peligrosos.

En este contexto, el panorama político se dividiría así: Estados Unidos a la cabeza, pero con una activa participación de Rusia, lo cual repercutiría en construir un nuevo orden del mundo y la grandeza del vecino país del norte en enfrentamiento con China.

China sería el principal objetivo a congelar o asediar, y la vería –a la larga- como el gran obstáculo a vencer o a doblegar. Tal es la pugna histórica y el adversario que construye ya Donald Trump, y que como ya es una tradición (la Guerra del Golfo Pérsico o la Invasión a Irak recientemente), el mundo nos tendremos que sentar a observar.

Por todo ello, podemos esperar una tensión mundial que, incluso, pudiera llegar al plano bélico, o lo menos, al comienzo de una nueva guerra fría, pero ahora con el país de Asia, como lo ha señalado el equipo de Trump, quien ha referido a China como su gran rival de la época, lo cual le permitiría a Estados Unidos mostrar su amplia gama de opciones y posibilidades.

El problema, y habrá que remitirnos a una historia no muy lejana, el mundo se sometería nuevamente a la tensión de la guerra y a la posibilidad de una destrucción masiva; a la incertidumbre que implican las decisiones de unos cuantos en el poder; lo que, sumado a los conflictos en los que están implicados los musulmanes de las más diferentes tendencias en el mundo, el panorama no es muy alentador.

En virtud de lo anterior, considero fundamental el mensaje del presidente Peña Nieto, quien hace un llamado a cerrar filas y promover la unidad nacional, a creer en el país y hablar bien del mismo, haciendo énfasis en que debemos sentirnos orgullosos de nosotros y de contribuir con nuestro trabajo diario a ser una mejor nación, pues, concluyó: “Como mexicanos, compartimos el deseo de poner en alto el nombre de nuestro país”.

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