Violencia marca el gobierno de Peña

Martes 26 de Diciembre de 2017.

El 1 de diciembre de 2012 Enrique Peña Nieto tomó posesión como presidente de México  y en su primer discurso como Jefe del Ejecutivo señaló que el principal eje de su gobierno sería trabajar para  “lograr un México de paz”.

Hoy, tras cinco años de mandato, Peña Nieto cosecha un rotundo fracaso en materia de seguridad pues  el año   2017 es  catalogado ya  como el más violento  de los últimos 20 años al registrar 23 mil  101 homicidios dolosos.

En el papel quedó el primer eje fundamental de lo que sería su gobierno y que se refería a trabajar con el fin de “recobrar la tranquilidad en las ciudades, los pueblos, las carreteras del país, para que los mexicanos transiten con seguridad, sin temor de perder la libertad o la vida, a manos del crimen”.

Hoy, esas ciudades, pueblos y carreteras viven asediados por el crimen organizado y la violencia. Hoy, esa ciudadanía a la que prometió justicia e inclusión vive con miedo   a ser asaltada, secuestrada, violada, desaparecida o asesinada.

Y es que las cifras oficiales dadas a conocer por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), con corte al 30 de noviembre de 2017,  señala que solo en el mes de   noviembre se registraron 2 mil 212 homicidios dolosos, cifra que rompió la peor marca registrada desde 1997.

Es cierto que México ya registraba una crisis de violencia e inseguridad en el momento en que Peña llegó a la silla presidencial, pero también es cierto que el gobierno del mexiquense no ha sabido implementar las estrategias de seguridad necesarias para acabar o reducir, aunque sea mínimamente, la violencia e inseguridad en la que tenemos que vivir a diario los mexicanos.

En el gobierno de Peña ha faltado la crítica real a sus políticas internas  porque no es posible que tras 10 años de que el Ejército tomó las calles para salvarlas de las garras del crimen, éstas sean aún más violentas, no es posible  que existan lugares a los que ni las Fuerzas Armadas puedan acceder sin temor a ser ejecutadas o emboscadas.

La activista  y presidenta de la organización civil Causa en Común, María Elena Morera,  señaló con toda precisión, en un foro nacional sobre seguridad  realizado en noviembre pasado y al que acudió el primer mandatario de la Nación, que la violencia ha alcanzado “proporciones bélicas” y que “la violencia que vivimos ya no es temporal ni regional, es endémica y de alcance nacional”.

Un informe dado a conocer en mayo de este año por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (International Institute for Strategic Studies), indica que México es el país donde más personas murieron de forma violenta en 2016, sólo por detrás de Siria —donde hay una guerra— y por delante de Irak y Afganistán.

Estas cifras que de inmediato rechazó el gobierno mexicano hicieron que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, las tomara de pretexto para enfatizar la necesidad de crear un muro fronterizo entre nuestro país y el suyo.

Y es que de seguir así, el sexenio de Peña terminara como empezó: en un copioso mar de sangre en el que a diario todos los mexicanos corremos el riesgo de caer.

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