La pólvora y el infierno

Martes 16 de abril de 2019.

En su afán de decirnos que ya está casi todo el país reinventado, al gobierno a veces le gusta usar la pólvora en infiernillos. Tal es el caso de las cifras de violencia que han causado la discusión a partir de la presencia de Jorge Ramos en la mañanera del viernes pasado.

Desde la primera vez que Andrés Manuel López Obrador presentó su reporte diario de homicidios quedó claro que era un reporte inmediato para tomar decisiones tácticas en las reuniones del gabinete de seguridad que suceden todas las mañanas antes la conferencia de prensa. No me cabe la menor duda de que el ejercicio ayuda para eso, el mismo Presidente y su gabinete han tomado decisiones sobre despliegue de fuerza e atención especial en ciertas regiones con base en esos números.

Todos quienes seguimos esos números desde hace años por razones profesionales lo sabíamos. El recuento diario sirve para eso. En el sexenio de Felipe Calderón y después, por lo menos los primeros años del de Enrique Peña, las instancias encargadas de la seguridad elaboraban un documento semanal de homicidios por presunta rivalidad delincuencial cuyo objetivo no era el mismo que el que publica el Secretariado Ejecutivo cada mes o el anual del Inegi.

Es más, el del secretariado se actualiza después de su primera publicación según van avanzando las investigaciones o refinándose la información. El mismo portal en el que el gobierno da expone sus cifras diarias advierte con claridad que “las estadísticas oficiales solo se reportan por el Centro Nacional de Información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública”.

De hecho, en las últimas semanas, el Presidente y su gabinete se habían abstenido de utilizar los datos del informe diario para presumir cualquier avance en relación con el descenso de los homicidios porque, como ha sucedido en estos meses, las cifras del secretariado llegaban a corregirlos. Pero el Presidente y sus fanáticos en redes quisieron convertir el intercambio en un asunto de la prensa, no de la sustancia, como lo demostró otra vez ayer en la mañanera.

Mientras nos desgarramos por unos minutos de diálogo entre un periodista y el Presidente allá afuera, en el país, hay infiernos verdaderos que siguen ardiendo. Y eso lo confirman las cifras cada mes.

Opinión- Carlos Puig

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